SAU CFDD
Oct 252012
 

Por El Padre Rudolph Juarez

Al hablar sobre la Corresponsabilidad, recuerdo cuatro cosas esenciales para el éxito en la vida, que  nuestros padres nos enseñaron: la fe en Dios, demostrada con la “persignación”; el saber pedir las cosas sin olvidar decir: “por favor”; el saber recibir las cosas o algún bien, sin dejar de decir: “muchas gracias” y, el saber compartir las cosas con la expresión: “ten”.
Para los que practican estos valores básicos en la vida cotidiana: la fe, el agradecimiento, la solidaridad, el concepto de Corresponsabilidad no es tan ajeno; porque la Corresponsabilidad no solo se nutre de la fe, la oración, el sentido de agradecimiento y la generosidad – sino que nos invita a una relación más intencional con Dios y con nuestros prójimos, basada en nuestra plena confianza en la Providencia de Dios y en el llamado evangélico a amar y servir a Dios y a nuestros prójimos.
Así es que, en los valores de la fe, la oración, el sentido de agradecimiento y la generosidad, ya tenemos  los fundamentos necesarios para vivir una vida de Corresponsabilidad. Pero quizás la pregunta que nos hacemos es la misma pregunta que se hace el salmista en el Salmo 116, 12: “¿Cómo?”, o sea, “¿Cómo le devolveré al Señor todo el bien que me ha hecho?”
He aquí el meollo del asunto: ¿Cómo corresponderle al Señor por todo lo que hemos recibido de sus manos de una manera  práctica? O sea, ¿cómo poner en marcha la Corresponsabilidad en mi vida, en la vida de mi familia, en la vida de mi parroquia y en la vida de mi comunidad?
Pues, todos gozamos de tres dones claves que Dios nos ha dado en esta vida terrenal: cierto tiempo, cierto talento y cierto tesoro. Y aunque no podemos hacerlo todo, todos podemos hacer algo.
En cuanto al don del tiempo, monseñor Thomas McGread, director emérito del programa de Corresponsabilidad en la Diócesis de Wichita, Kansas, explica que cada uno de nosotros tenemos un promedio de vida de 25,000 días – lo que equivale a 500,000 horas. Y, nos asegura Monseñor, que de esos 25,000 días y de esas 500,000 horas, el Señor va a pedirnos cuentas. ¿Cómo estamos utilizando esos 25,000 días y esas 500,000 horas en el servicio de Dios y de nuestros prójimos? ¿Cuántas horas le estamos dedicando al Señor en la oración, en hacer buenas obras, en el estudio de nuestra fe, o al servicio de nuestra familia, parroquia o comunidad?
En cuanto al don de talento – todos tenemos algún o varios talentos para compartir. Para algunos es la lectura, para otros saber dar buen consejo, para otros la facilidad de reunirse o convivir con otros, y para algunos es la jardinería, saber cocinar, cantar o administrar los bienes – y la lista sigue. Pero lo importante es que cualquier don que hayamos recibido, en el contexto de la Corresponsabilidad, ese don es para el bien de los demás.  Así, cumplimos con la exhortación del apóstol Pedro que dice en la Primera Carta de San Pedro 4, 10: “Que cada uno ponga al servicio de los demás el carisma que ha recibido, y de este modo serán buenos administradores de los diversos dones de Dios.”
Pero quizás el más difícil de entender de los dones es el del tesoro. Porque todo mundo piensa que la Corresponsabilidad se trata de la recaudación de fondos, cuando en realidad, el don del tesoro abarca mucho más. Se trata de una convicción de nuestra parte, que si Dios es el autor de la vida, entonces Él es quién nos ha dado el talento y el tiempo para obtener un empleo para así utilizar nuestro tiempo y talento en la procuración de los bienes materiales indispensables. Y, de hecho, viéndolo desde el punto de vista de la Corresponsabilidad, estos bienes le pertenecen al Señor –  y, nosotros somos, como lo dijo el apóstol Pedro, los “buenos administradores de los diversos dones de Dios.”
Así que, indudablemente, hay cierta contabilidad de nuestra parte en cuanto al don del tesoro, y el manejo de los bienes materiales tiene su dimensión espiritual. En la práctica, que bueno sería que en el presupuesto de cada hogar católico, antes que se liquidaran los pagos de la casa, del gas, de la luz, y del carro y comida – le dedicáramos los primeros frutos de nuestra labor al Señor y para obras de caridad, para así cumplir con Proverbios 3, 9. 10 que nos aconseja: “Haz tu ofrenda a Yahvé, tomando de tus bienes los primeros frutos de tus cosechas, entonces se llenarán de trigo tus graneros y tus cubas desbordarán de vino nuevo.”
Sí, es cierto lo que el beato Juan Pablo II nos dijo en Evangelium Vitae, que: “La vida se confía al hombre como un tesoro que no se debe de malgastar, como un talento a negociar”, y si es cierto lo que rezamos en la liturgia de la Vigilia Pascual: “Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad…”; entonces, todo lo que somos y tenemos es por y para el Señor. Y, si a nosotros, se nos ha prestado cierto tiempo, cierto talento, y cierto tesoro, hay que utilizarlo en servicio a Dios y los demás. Así, primeramente Dios, perfeccionaremos el  “persignarnos”, el “por favor”, el “muchas gracias”, y el “ten” en la vida diaria y crecerá nuestro conocimiento y práctica de la Corresponsabil-idad.
(El Padre Juarez es pastor de la Parroquia de San Patricio y vicario para los hispanos en la Diócesìs de Davenport.)

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