SAU CFDD
Dec 272012
 

Por Padre Troy Richmond

P. Richmond

En la cultura de nuestra época, muchos ven el exorcismo y la oración de liberación como algo que causa temor, quizá por la forma como Hollywood ha presentado este fenómeno.  Tengo que confesar que yo compartía este punto de vista y temía encontrarme con la presencia del mal en mi trabajo sacerdotal—hasta que tuve la oportunidad de asistir a una conferencia especial sobre el ministerio de la liberación el verano pasado.
Cada vez que rezamos el Padre Nuestro terminamos la oración diciendo “Líbranos del mal”.  Esta liberación no solamente se reserva para aquellas personas atormentadas por espíritus malignos.  Más bien,  cada uno de nosotros necesitamos que se nos libere de algo, algunos más algunos menos.  Dada nuestra naturaleza y el pecado original, debemos estar muy listos para percibir nuestra propia tendencia hacia el pecado, los males en el mundo que nos rodea, y las tentaciones del demonio.
El buscar la liberación del mal no es algo a lo que debamos temerle.  Jesús nunca nos enseñó a tenerle miedo a Satanás.  Al contrario, en muchas ocasiones oímos en el Evangelio que los espíritus dañinos que estaban siendo expulsados le tenían miedo a Jesús.  Sin embargo, de todos modos, debemos tomar las medidas necesarias para defendernos contra la influencia del mal….

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