SAU CFDD
Nov 272013
 

Dear Brothers and Sisters in Christ,

Bishop Amos

I always look forward to the new liturgical year. On the one hand, Advent is a subdued season: the music is quieter, the church darker and a bit sparse. In contrast to the frenetic activity outside, Advent invites me to a time of silence, of reflection, of waiting in “joyful hope,” of peace.
On the other hand, the Advent readings are powerful and challenging; they shake me out of my complacency and remind me that to be a Christian is to live intentionally, in expectation. Certainly the Gospel for the Fourth Sunday challenges me to follow wherever God leads, no matter the risk, as Joseph and Mary did. And the Gospel for the First Sunday keeps before me not just the reality that time itself will end, but that my own time here will also come to a close; not only will Christ “come again” at the end of time but we will all have our personal parousia at death. So I am challenged here, too: Am I ready?
But it is the figure of John the Baptist, who figures prominently in the Gospel passages for the middle two Sundays, who most disturbs my peace, my status quo — if I am attentive and open to his message.
John, who confronts us: “Repent!” The Greek word is metanoia — which means to turn. John challenges me, challenges us: What are the things we do, the attitudes we embrace, that turn our gaze away from Christ? What do we, with the help of God’s grace, need to change in order to turn back, to focus more clearly and more intentionally on Christ?
John, who cries out to us as much as to the people of his time: “Prepare!” What passes for the way things are is passing away. A new Kingdom is coming, and we can already taste it; a Kingdom where the blind can see, the lame walk, lepers are healed, the deaf hear, the dead are raised and the poor hear the good news. Are we fully committed to this Kingdom? What am I doing to help open eyes and ears, to heal scars and raise the dead, to proclaim news that is so good that those who hear it can’t help but dance with joy; to be part of this Kingdom? Actions speak louder than words, as Pope Francis has so eloquently shown.
It is tempting to write John off as a fanatic and make this time of year to be only about card-writing and shopping, decorating and parties. Or we can take him and his message—and Advent—seriously.
I pray that all of us take the latter road.

Adviento es un tiempo tranquilo
Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
Siempre estoy a la expectativa del inicio del nuevo año litúrgico. Por un lado, Adviento es un tiempo moderado: la música es más tranquila, la iglesia es más oscura y algo vacía. En contraste a la frenética actividad exterior, Adviento me invita a un momento de silencio, de reflexión, de paz, de una “gozosa esperanza.”
Por otro lado, las lecturas del tiempo de Adviento son muy fuertes y desafiantes, tanto que remecen mi tranquilidad y que me recuerdan que ser cristiano es vivir intencionalmente a la expectativa. Ciertamente, el Evangelio del Cuarto Domingo de Adviento me reta a seguir donde Dios quiera llevarme, sin importar el riesgo, tal como lo hicieron José y María. El Evangelio del Primer Domingo de Adviento no solo me dice que este tiempo terminará; sino que también expresa que mi propio tiempo concluirá; no solo que Cristo volverá al final de los tiempos, sino que todos nosotros, tendremos nuestra propia parusía (final de los tiempos) en la muerte. Así que yo también soy retado: ¿Estoy preparado?
Pero es la figura de Juan el Bautista, que ocupa un lugar destacado en los pasajes del Evangelio para el Segundo y Tercer Domingo de Adviento, los que más perturban mi paz, mi status quo — si es que escucho el mensaje con atención y apertura.
Juan nos confronta: “ ¡Arrepiéntanse!” La palabra griega metanoia significa cambiar. Juan me desafía, nos desafía: ¿Cuáles son las cosas que hacemos, las actitudes que adoptamos, que hacen que nuestras miradas se alejen de Cristo? ¿Qué necesitamos hacer, con la ayuda de la gracia de Dios, para cambiar y dar marcha atrás, para poner nuestra atención con claridad y con la intención de mirar a Cristo?
Juan, nos clama tanto como clamó a las personas de su tiempo: “¡Prepárense!” Esta es la realidad de las cosas, que son pasajeras. Un nuevo Reino está viniendo, y nosotros podemos ya probarlo; un reino donde el ciego puede ver, los cojos vuelven a caminar, los leprosos quedan limpios y los sordos vuelven a escuchar; los muertos resucitan y los pobres escuchan la Buena Nueva. ¿Estamos plenamente comprometidos con este Reino? ¿Qué estoy haciendo para ayudar a que se mantengan los ojos y los oídos abiertos, para sanar cicatrices y resucitar a los muertos; para anunciar noticas que sean tan buenas, que los que las escuchan no puedan dejar de bailar de alegría, por ser parte de este Reino? Las acciones hablan más fuerte que las palabras, tal como el Papa Francisco nos lo dice elocuentemente.
Es tentador describir a Juan como un fanático y hacer que esta época del año solo sea para escribir tarjetas y hacer compras, realizar decoraciones y fiestas o, tal vez, podemos tomar a él y su mensaje — y Adviento — seriamente.
Rezo para que todos tomemos este último camino.

Sincerely in Christ,
Sinceramente en Cristo,
Most Rev. Martin Amos
Mons. Martin Amos
Bishop of Davenport
Obispo de Davenport

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