SAU CFDD
Apr 162014
 

Dear Brothers and Sisters in Christ:
Rejoice!
As the 50 days of Easter unfold we will hear the Scriptural accounts of various encounters with the Risen Christ: the women at the tomb, the disciples in the upper room or on the shore of the Sea of Tiberias, the pair on the road to Emmaus and those gathered at the Ascension. These encounters were life-changing and challenging to be sure, but they also filled those who met the Risen Christ with a deep joy.

Bishop Amos

In Evangelium Gaudii — the Joy of the Gospel — Pope Francis reminds us that we are invited to such an encounter every day. But, he laments, too often we have hardened our hearts; we are distracted by “frivolous pleasure” and greed; we have become complacent.
This Eastertime, I want to make Pope Francis’ encouragement to continually open ourselves to Christ more and more each day my own. Imagine not only how we might be transformed as individuals, but what joy might fill our whole diocese if we all took Christ’s invitation to heart!
We need to remember this joy is not some superficial happiness pretending that sorrow and suffering aren’t real. Far from it! This is the joy that waits in hope, that knows Easter follows every Lent, that knows we are infinitely loved. But it is a dangerous love, a love that changes us and sends us out on mission. This joy is not intended solely for our own benefit!
Like the women at the tomb, we are sent to announce the Resurrection.
Like the disciples in the upper room, we are challenged to faith and to forgiveness.
Like the two on the road to Emmaus, we are sent from the Table back into the world, with our hearts aflame.
Like Peter on the seashore, we are asked to feed Christ’s lambs and tend his sheep, to put out the net for a great harvest.
Like those gathered in Galilee at the end of forty days, we too are commissioned to go and make disciples of all nations; to proclaim the Gospel to every creature; to preach the good news of repentance for the forgiveness of sins.
Yes, such is our calling and such is our joy. Easy? No. But such a life is deeply enriching, fulfilling; it is who we are as the baptized; it is our identity that we renewed at the Easter font.
Through all of us, in the words of Pope Paul VI, cited by Pope Francis: “…may the world of our time, which is searching, sometimes with anguish, sometimes with hope, be enabled to receive the good news not from evangelizers who are dejected, discouraged, impatient or anxious but from ministers of the Gospel whose lives glow with fervor, who have first received the joy of Christ.” (Evangelii Nuntiandi, 80).
Ábranse a Cristo cada día
Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
¡Alégrense!
En el desarrollo de los Cincuenta Días de Pascua, escucharemos los relatos bíblicos de varios encuentros con Cristo Resucitado: la mujer en la tumba, los discípulos en el Cenáculo o a las orillas del mar de Tiberíades, los discípulos de Emaús y aquellos que estuvieron en la Ascensión. Estos encuentros fueron un cambio de vida y un seguro desafío; pero también todos aquellos que se encontraron con Cristo Resucitado, se llenaron de una profunda alegría.
En Evangelium Gaudii — la Alegría del Evangelio — el Papa Francisco nos recuerda que nosotros somos invitados a tal encuentro cada día; pero, él se lamenta, que muchas veces hemos endurecido nuestros corazones. Nos hemos distraído por ‘placeres frívolos’ y egoístas. Nosotros nos hemos vuelto complacientes.
En este tiempo Pascual, quiero hacer mío el entusiasmo del Papa Francisco, a que nos abramos más a Cristo y que este más presente en mi propia vida. Imagina no solo como podemos ser transformados individualmente, sino ¡cómo podría esta alegría llenar toda nuestra diócesis, si todos tomáramos la invitación de Cristo en serio!
Necesitamos recordar que esta alegría no es una felicidad superficial, pretendiendo que el dolor y el sufrimiento no son reales. ¡Muy lejos de eso! Esta es la alegría en la espera, de aquel que sabe que a cada Pascua sigue una Cuaresma; quien sabe que nosotros somos infinitamente amados; pero es un amor peligroso, un amor que nos cambia y nos envía a una misión. ¡Esta alegría no es únicamente para nuestro propio beneficio!
Igual que las mujeres en la tumba, nosotros somos enviados a anunciar la Resurrección.
Igual que los discípulos en el Cenáculo, nosotros somos desafiados a la fe y al perdón.
Igual que los dos discípulos de Emaús, nosotros somos enviados de la Mesa al mundo, con nuestros corazones inflamados.
Igual que a Pedro en las orillas del mar, se nos pide alimentar a las ovejas de Cristo y cuidar de su rebaño, dejar a un lado la red para una cosecha mayor.
Igual que aquellos que se juntaron en Galilea al final de los cuarenta días, también nosotros somos enviados para hacer discípulos a todas las naciones; proclamando el Evangelio a cada criatura; para predicar la Buena Noticia de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
Si, tal es nuestro llamado y tal es nuestra alegría. ¿Fácil? No, pero esa vida está profundamente enriquecida, completa; es lo que somos como bautizados; es nuestra identidad que renovamos en la fuente Pascual.
A través de todos nosotros, en las palabras del Papa Paulo VI, citado por el Papa Francisco: “…ojalá que el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo.”(Evangelii Nuntiandi, 80).

Sincerely in Christ,
Sinceramente en Cristo,

Most Rev. Martin Amos
Mons. Martin Amos

Bishop of Davenport
Obispo de Davenport

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