SAU CFDD
Aug 282014
 

Por Miguel Moreno
The Catholic Messenger
En una universidad, sentado en una banca, un señor miraba con tristeza un carta. Uno de los tantos estudiantes que pasaron por allí, le ofreció agua, se sentó a su lado y, respetando su privacidad, preguntó: ¿Sucede algo o le puedo servir en algo? El señor miró con pena y le dijo: Hoy he recibido esta carta de un familiar. ¿Me la podrías leer, por favor?

Lizette y Benjamin, como muchos otros niños en el país, en su primer día de escuela. Todo los estudiantes, necesitan del apoyo de sus padres y de toda la comunidad para alcanzar sus metas.

Aun en este tiempo, existen muchas personas que no han tenido oportunidad de ir a la escuela, por lo mismo, no saben ni leer ni escribir. Hay otros tantos, que habiendo tenido el apoyo de sus padres, simplemente, no quisieron estudiar. Tal vez a ellos, les duele hoy mucho más, abrir un libro y no saber qué dice.
Cual fuera la razón de no haber estudiado, la consecuencia es la misma. Quien no se educa, se limita y, aun más, se margina a sí mismo y se priva de grandes ventajas en este mundo. Nosotros, católicos, debemos exhortar, motivar e invitar a las personas a que se eduquen, que vayan a la escuela, que aprendan todo lo que les sea posible; para encontrarse realmente preparados para cualquier situación que en la vida se les presente.
Recientemente se han iniciado las clases escolares. He visto a los papas caminando por las tiendas y comprando todo lo que sus hijos van a necesitar en este año educativo. En sus ojos brilla la esperanza de saber que sus hijos tienen muchas más oportunidades de educarse y de poder salir adelante. Oportunidades que a muchos de ellos se les fue negada. Los papás no pueden ocultar la alegría de saber que sus hijos estarán más educados que ellos. Esto les llena de una satisfacción muy grande. Susurran entre sí: “¡Mi hijo será mejor que yo!”
¿Ha terminado tu hijo la escuela? ¿Lo has apoyado para que triunfe en sus estudios? ¿Le has ofrecido el ambiente y el espacio que necesita para que reali ce sus tareas escolares sin ningún tipo de dificultad?
Debemos hacer todo lo posible para que nuestros hijos puedan concluir sus estudios, que a la vez le ofrecerán oportunidades de trabajos mayores, que los que pueda conseguir alguien que no corrió con la misma suerte.
Pero esta preocupación sobre la educación no se reduce solo a nuestros familiares, sino debe extenderse a nuestra comunidad. Debemos motivar entre nuestros jóvenes el estudio. Invitarles no solo que vayan a la escuela, sino que terminen sus estudios. ¿Sabías que en los cinco últimos años, hubo cerca de 100 mil estudiantes hispanos que abandonaron la escuela a nivel secundaria? ¡Es terrible! ¡Es llenar dos veces el estadio Soldier Field de Chicago! ¿Se imaginan?
Cuando pienso en eso, me pregunto sobre el futuro que les espera. Sin haber aprovechado los estudios, ¿qué es lo que van a hacer con su vida? ¿En qué trabajarán?
Mi padre no concluyó sus estudios y trabajó como albañil, como agricultor hasta que pudo conseguir su negocio, entonces, sus esfuerzos le dieron un poco de respiro con los años. Aunque siempre trabajo honestamente, siempre pensó que sus hijos no deberían tener una vida tan sacrificada como él acostumbraba a decir. Por eso, nos exigió concluir todo lo que empezábamos a estu-diar.
Sé que muchos de los papás quieren ver triunfar a sus hijos, pero deben saber que el inicio del triunfo siempre será en casa. Si nos convertimos en padres permisos, que todo le aceptamos a nuestros hijos; es posible que no les estemos dando la exigencia que ellos necesitan.
No olvidemos, la escuela ofrece conocimientos y valores; pero la educación se da en casa, porque es allí donde se vive y se desarrolla todo lo que se aprende.
A todos los que inician la escuela, adelante y a
triunfar. A todos sus padres, no olvidemos, de apoyarlos hasta el final. ¡La Educación es tarea de todos!

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