SAU CFDD
Nov 272014
 

Dear Sisters and Brothers in Christ,

With this Advent we begin another liturgical year in which the Gospel according to Mark takes central stage on the Sundays in Ordinary Time.

Bishop Amos

Mark’s Gospel is terse. The story unfolds quickly. It is as if Jesus is running from one place to another. The crisis, the key moment, is at hand. Reading it, we are almost left out of breath.

Would that we approached the life of faith with such urgency! Would that we approached our call to share the Good News of Jesus Christ with all we meet with such energy and enthusiasm!

Sadly, that is not always the case. As Italian monk and liturgist Goffredo Boselli has observed:

We see in the West today real difficulties in the ordinary experience of the Church. We see signs of weariness, fatigue and discomfort on the faces of those who make up the Christian community.

Christianity seems to have lost its momentum, to the point that many now wonder about its future, about the survival of Christianity in the West.

What do we do in the face of such lethargy? In the three-year pastoral plan of the bishops of the United States — faith, worship and witness — we are asked to take this year and focus on the liturgical life of our parishes.

Is the Sunday Eucharist the source and summit of all we do? Do we celebrate so as to invite the full, conscious and active participation of all — a participation that is not just external but is primarily internal? Do we allow for silence and reflection, for time to really encounter God at Mass? Do we allow ourselves to encounter God when God gathers us to worship and so be changed more and more into the body of Christ? Do we realize that liturgy and care for the poor are intimately related, that, as Boselli also notes, “the essential quality that makes worship welcome and acceptable to God is that those who offer it also practice justice toward people who are poor, give comfort to people who suffer and defend the rights of people who are oppressed?”

Because Mark’s Gospel is the shortest, we hear from the sixth chapter of John during the summer months: the Bread of Life Discourse. Over those five Sundays we hear some of the most profound reflections on the Eucharist, a reminder of how important the sacrament is for our lives as individual believers and in the life of the Church.

As Pope Francis reminds us, God is the God of surprises; if we are willing, God will lead us in ways we hardly expect. Are we open?
Perhaps this Advent we can let our time of waiting also be a time of allowing ourselves to be surprised.

Adviento: un tiempo de espera

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,
Con este Adviento, comenzamos otro Año Litúrgico en el que, el Evangelio según San Marcos, ocupará un lugar central en los domingos del Tiempo Ordinario.

El Evangelio de Marcos es conciso. La historia se desarrolla rápidamente. Es como si Jesús estuviera corriendo de un lugar a otro. La crisis, el momento clave, está cerca. Al leerlo, nos quedamos casi sin aliento.

¡Ojalá que nos acercamos a la vida de fe con tanta urgencia! ¡Ojalá que nos acercamos al llamado a compartir las Buenas Nuevas de Jesucristo con todos aquellos que encontremos con energía y entusiasmo!

Por desgracia, eso no es siempre el caso. Tal como el monje y liturgista italiano Goffredo Boselli ha observado:

Vemos hoy en el Oeste dificultades reales en la experiencia ordinaria de la Iglesia. Vemos signos de debilidad, de fatiga y de disconformidad en los rostros de aquellos que forman la comunidad cristiana. La cristiandad parece haber perdido su momento, hasta el punto que muchos ahora se preguntan sobre su futuro, sobre la sobrevivencia del cristianismo en el Oeste.

¿Qué debemos hacer para despertar? En el Plan Pastoral de tres años (Fe, Culto y Testimonio), que los Obispos Católicos de los Estados Unidos han preparado, se nos pide que este año, se centre en la

Vida Litúrgica de nuestras parroquias.

¿Es la Eucaristía dominical la fuente y cumbre de todo lo que hacemos? ¿Nosotros celebramos con la intención de invitar a la participación plena, consciente y activa de todos-una participación que no es sólo externa, sino que es principalmente interna? ¿Permitimos que el silencio y la reflexión, sea un tiempo de encontrar realmente a Dios en la Misa? ¿Nos permitimos nosotros mismos encontrar a Dios, cuando Dios nos reúne para la celebración y así ser cambiado cada vez más en el Cuerpo de Cristo? ¿Nos damos cuenta que la liturgia y el cuidado de los pobres están íntimamente relacionados, que, como Boselli también señala, “la cualidad esencial que hace que la celebración litúrgica sea agradable a Dios, es que los que ofrecen, también practiquen la justicia hacia las personas que son pobres, que den consuelo a las personas que sufren y que defiendan los derechos de las personas que están oprimidas?”

Debido a que el Evangelio de Marcos es el más corto, nosotros escuchamos desde el sexto capítulo del Evangelio de Juan, durante los meses de verano: el discurso del Pan de Vida. Durante esos cinco domingos, escuchamos algunas de las más profundas reflexiones sobre la Eucaristía, un recordatorio de lo importante que es el Sacramento en nuestra vida personal como en la vida de la Iglesia.

Como el Papa Francisco nos recuerda, Dios es el Dios de las sorpresas; si estamos dispuestos, Dios nos llevará por caminos que no esperamos. ¿Estamos dispuestos?

Tal vez, en este Adviento podamos dejar que nuestro tiempo de espera, sea también un tiempo de estar abiertos a ser sorprendidos.

Sincerely in Christ,
Sinceramente en Cristo,

Most Rev. Martin Amos
Rev. Mons. Martin Amos
Bishop of Davenport
Obispo de Davenport

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