SAU CFDD
Nov 272014
 

Por Padre Troy Richmond

Cada año, cuando el 12 de diciembre se acerca, miles de peregrinos se dirigen a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, para venerar la milagrosa imagen dejada en la tilma de San Juan Diego en el año 1531. Nuestra Señora de Guadalupe, la patrona no sólo de México, sino de todo el continente americano; continúa atrayendo los corazones de los creyentes, bajo el manto de su cuidado maternal y de su protección, a un conocimiento y amor más profundo de su Hijo, Jesús el Señor.

Fr. Richmond

El verano siguiente a mi primer año de teología en el Seminario Mayor de Mundelein, ubicado en la ciudad de Mundelein, Illinois, yo participé en un programa de inmersión en la lengua española en CIREMEX escuela de lenguaje en Guadalajara, México. Cuando estaba allá, tuve la oportunidad de ir en una peregrinación de fin de semana a la colina del Tepeyac (justo a las afueras de la ciudad de México), donde Nuestra Señora de Guadalupe se apareció a San Juan Diego y le pidió que se construyera allí una iglesia, para dar honor a Nuestra Señora y a su Hijo.

Muchos milagros ocurrieron durante mi peregrinaje en honor de Nuestra Señora. La comida, las especies y el agua de México no están necesariamente de acuerdo con mi estomago y la enfermedad típica de los viajeros, se había establecido durante mi estadía en México. Con gratitud, debido a un pequeño milagro de la Virgen, yo tuve muy poquitos problemas de este tipo durante mi día de peregrinación y oración en la basílica que honra su nombre. Luego en la tarde, para tomar ventaja de la indulgencia plenaria por hacer un peregrinaje a esta renombrada y santa basílica, durante el año jubilar del 2000, me encontré haciendo mi fila para ir a la confesión. El letrero en la puerta del confesionario indicaba que el sacerdote podía confesar en italiano, español e Inglés. Sin embargo, cuando me arrodillé en el confesionario oscuro, descubrí que el sacerdote no sabía una sola palabra de inglés. Sin embargo, yo hice milagrosamente una buena confesión en un idioma que no es mi lengua materna.

El mayor milagro de todo ese día, me iluminó cuando, durante la Misa, me quedé asombrado de la universalidad de la Iglesia. Hombres, mujeres y niños de todas las culturas, idiomas y formas de vida, se unieron en la celebración de la Misa, donde se nos recuerda que a través de nuestra participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos convertimos en miembros del único Cuerpo de Cristo.
Aunque han pasado casi 500 años desde que María se le apareció a San Juan Diego en la colina del Tepeyac, su milagrosa imagen nos convoca, como Iglesia, para vivir como testigos de esperanza y de gozo en el Evangelio. Al celebrar la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe este 12 de diciembre, sigamos el ejemplo de la Virgen, llegando a aquellos que están en nuestro medio, con el mensaje del Evangelio, dirigiendo a todos al encuentro de Jesús, el Señor de la Vida.

(P. Richmond es pastor de la parroquia de Santa María y San Matías en Muscatine)

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