Bishop’s letter: nativity is reminder of gift of Jesus Christ

Dear Brothers and Sisters in Christ:

Bishop Amos

In 1223, at a time when Italian cities were involved in on-again, off-again wars with each other, at a time when society was undergoing tremendous change from an agrarian to an urban economy, at a time when peoples’ faith had grown lukewarm, a Little Poor Man sought to proclaim the Good News of Jesus’ birth.

So, in the little town of Greccio, this Poverello built a crèche . . . a stable . . . complete with live animals . . . for the celebration of Christmas Midnight Mass.

He built it to remind everyone that the Prince of Peace was born a lowly and vulnerable baby.

He built it to remind everyone that God had embraced poverty and humility, had shed power and glory, for our sake.

He built it to reawaken faith in hearts that had forgotten the Child of Bethlehem.

The story goes that as Francis, the deacon, sang the Gospel and preached the homily, one of his companions even saw a vision of a child in the empty crèche . . . and that in the days that followed the hay taken from the stable led to many miraculous healings of people and animals alike.

Many today still suffer from on-again, off-again conflicts.

Many today are still oppressed by economies that privilege the few who place commerce over compassion and products over people.

For many today, faith has also grown cold and the Child of Bethlehem is relegated to the margins, irrelevant in our day-to-day life.

As we put out our Nativity scenes this year, my hope is that they become more than decorations, more than something we do just because we’ve always done it . . . but a real reminder of the great gift who is Jesus Christ, the Word become Flesh, sent that we might be healed and made one. Sent so we might see that violence, that riches, that power are — in the end — only illusions.

As the Apostle Paul reminds us: only faith, hope and love last. Of these, the greatest is love.

La Navidad es un recuerdo del regalo de Jesucristo

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:

En el año 1223, en un momento en que las ciudades italianas estaban una vez más en guerra entre ellas mismas, en un momento en que la sociedad estaba experimentando un enorme cambio de la economía agraria a una economía urbana, en un momento en que la fe de los pueblos estaba creciendo tibiamente, un pequeño pobre hombre trataba de proclamar la Buena Nueva del nacimiento de Jesús.

Así, en la pequeña ciudad de Greccio, este pobrecillo construyó una guardería. . . un establo. . . que completó con animales vivos. . . para la celebración de la Misa de medianoche de la Navidad.
Él lo construyó para recordar a todos, que el Príncipe de la Paz nació en la humildad y vulnerabilidad de un bebé.
Él lo construyó para recordar a todos, que Dios había abrazado la pobreza y la humildad, había derramado el poder y la gloria, por nuestro bien.

Él lo construyó para despertar la fe en los corazones que habían olvidado al Niño de Belén.

La historia cuenta que cuando Francisco, el diácono, cantó el Evangelio y predicó la homilía, uno de sus compañeros, tuvo una visión de un niño en la guardería vacía. . . y que en los días que siguieron, el heno tomado del establo, llevó a muchas curaciones milagrosas de personas y animales por igual.

Muchos hoy en día aún sufren desde dentro y desde afuera, conflictos.

Muchos hoy en día todavía están oprimidos por las economías que privilegian a muy pocos, que ponen el comercio sobre la compasión y los productos sobre las personas.

Para muchos hoy en día, la fe también se ha enfriado y el Niño de Belén es relegado a los márgenes, irrelevante en nuestra vida día a día.

Cuando pongamos nuestros nacimientos este año, mi esperanza es que se conviertan en algo más que en meras decoraciones, algo más que hacemos sólo porque siempre lo hemos hecho. . . sino un recordatorio real del gran regalo que es Jesucristo, el Verbo hecho carne, enviado para que podamos ser sanado y llegar a ser uno. Enviado para que podamos ver que la violencia, que las riquezas, que son el poder — al final — sólo son ilusiones.

Como el apóstol Pablo nos recuerda: sólo la fe, la esperanza y el amor perdurarán. Pero de estas tres, la más grande es el amor.

Sincerely in Christ,

Sinceramente en Cristo,

Most Rev. Martin Amos
Rev. Mons. Martin Amos
Bishop of Davenport
Obispo de Davenport

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