Seguir lo que la Iglesia enseña

Por Padre Joseph Sia
El Mensajero Católico

Cada año, cuando comienza la Cuaresma, pongo un recordatorio en el boletín parroquial y anuncio en las misas, las reglas del ayuno y abstinencia. Una vez, una feligrés me invitó a su fiesta, que se iba a realizar en un viernes de Cuaresma. Sonríe y le dije: “¿Y vas a servir solo platos de mariscos?” Con esto, había una pausa incomoda, ella me miró, hizo rodar sus ojos y contestó, con sarcasmo: “¿Pero el sábado podemos comer carne?”

Defender las enseñanzas de la Iglesia no siempre es fácil. Se puede, al menos, hacer incómoda las interacciones sociales, como la que tuve con mi feligrés. Por otro lado, se puede conducir a situaciones graves, tales como discusiones acaloradas, la pérdida de amistades y relaciones familiares, e incluso violencia física. Como sacerdote, he escuchado la queja de muchos católicos que se encuentran luchando con un miembro de la familia o amigo que no quiere, o no puede, seguir las enseñanzas de la Iglesia sobre ciertos asuntos, por ejemplo, un niño que se niega a ir a la Misa dominical, un sobrino que vive con su novia, una hermana que es divorciada y casada de nuevo fuera de la Iglesia, un hijo que está en una relación homosexual, etc. También he escuchado a los católicos que se encuentran en estas mismas situaciones, por ejemplo, las parejas que están casadas por civil pero no en la Iglesia, un marido que tiene adicción a la pornografía, una mujer que ha elegido a la fertilización in vitro, etc.

Independientemente del lado en que usted se encuentre (y a veces podemos estar en ambos lados), el primer paso es orar a Dios con humildad y obediencia. Pida sabiduría y entendimiento, para permanecer fiel a la Verdad que Dios ha revelado a su Iglesia a través de las Escrituras y la Tradición, teniendo en cuenta que las enseñanzas de Dios no son las más populares en la sociedad de hoy. Tener confianza, en saber que solamente, cuando seguimos los caminos de Dios es cuando podemos tener la alegría que estamos buscando; es por negándonos a nosotros mismos que podemos estar unidos a la Muerte y Resurrección de Jesús. Pida también por la dirección del Espíritu Santo y por los dones del Espíritu Santo, como prudencia y fortaleza, para que pueda responder a estos desafíos en una manera apropiada y ca-ritativa. Finalmente, pedir a Dios por la fuerza de vivir estos valores y enseñanzas de nuestra Iglesia y tener paciencia por sus hermanos y hermanas, que llevan sus propios cruces.

Ahora que comenzamos el camino de la Cuaresma, se nos recuerda de la unicidad de nuestra Iglesia y de sus enseñanzas, desde los más graves códigos éticos y morales hasta las aparentemente triviales recetas dietéticas, por ejemplo, de no comer carne los viernes. Sin embargo, en realidad, un mandamiento de comer y beber, también se encuentra en el corazón de nuestra Iglesia: “Tomar, comer, éste es mi cuerpo; tomar, beber, esta es mi sangre”.

Que tenga una Cuaresma bendecida. Ah, y si se pregunta sobre la fiesta de mi feligrés, realmente fui ese viernes por la noche. ¡Traje una bandeja de verduras y disfrute de un buen tiempo!

(El Padre Sia es pastor de la parroquia San José, Columbus Junction.)

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