SAU CFDD
Mar 262015
 

Por: Miguel Moreno
El Mensajero Católico

Años atrás, la participación de los laicos (así son llamados todos los que han sido bautizados en la Iglesia Católica) en la actividad de la Iglesia era muy poca o limi-tada. Todo lo hacían los sacerdotes y religiosas. Por ejemplo, en la Santa Misa, el laico no tenía participación alguna, salvo cuando le pedían que recoja la colecta, de otro modo, no hacían nada. Todo estaba bajo la responsabilidad de los sacerdotes y religiosas.

El sábado 14 de marzo en la parroquia de San José en West Liberty, la Oficina del Ministerio Multicultural organizó un taller para Lectores y Ministros de la Eucaristía. Participaron 21 personas, quienes llegaron con mucho entusiasmo para preparase a estos ministerios dentro de la Iglesia. Consciente que su servicio de Lectura como de ofrecer la Comunión, son partes vitales en la responsabili-dad cristiana de evangelización. La Oficina del Ministerio Multicultural seguirá ofreciendo talleres y programas de formación para toda la comunidad.

¿Qué hacía, entonces, el laico en la Misa? El laico solo ‘escucha-ba’ la misa. Es decir, asistía a la celebración de la misa como un mero oyente. Por eso, surgió la expresión ‘voy a escuchar misa’. Y esto lo decía mi papá todos los fines de semana o entre semana, cuando iba a misa. “Voy a escuchar misa”, “vengo de escuchar misa”… en fin. En este tiempo, durante la misa, el laicado se acostumbro a leer novenas, rezar el rosario y hacer todo tipo de devociones. Es más, algunas personas decían: “La misa fue tan rápida que no pude terminar de rezar mi novena.”

Y así fue, por muchos años, hasta que en diciembre del 1963 con el Concilio Vaticano II, se hizo una reforma a la Sagrada Liturgia, donde el papel del laico pasaba de ‘oyente’ a participante. No se deseaba únicamente su presencia en la misa, se pedía lo siguiente: “La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, cons-ciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la
naturaleza de la Liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo…” Fíjense en estas dos palabras subrayadas. Como laicos tenemos no solo el derecho sino también la obligación de ‘participar’ en la liturgia. Y en eso nos encontramos. Es decir, buscando una mayor participación en la liturgia.
Conociendo esto, surge, entonces, una pregunta muy importante: ¿Cómo podemos nosotros los laicos participar en la liturgia? Bueno, pues, de muchas formas y a todas estas formas las llamamos ‘ministerios litúrgicos.’ Estos son unos de los diversos ministerios litúrgicos existentes: decoración (arreglar el templo para cada celebración del año litúrgico. Por ejemplo, la Cuaresma), bienvenida (quienes reciben a las personas a la misa y las ubican en lugares disponibles dentro del templo), servidores de altar (llamados también ‘monaguillos’, donde participan niños y niñas), música, lectores y mi-nistros de comunión o también llamados Ministros de la Eucaristía.

Cuando nosotros vamos a misa, vemos mucho de la actividad de los ministerios mencionados; pues, encontramos personas que nos dan la bienvenida, encontramos un templo decorado (ya sea con flores o con las imágenes de los santos cubiertas, con frases o pensamientos bíblicos en cartelones), un coro que está ultimando detalles pare el canto y, junto al sacerdote celebrante, los monaguillos, los lectores… y en un lugar reservado, están ubicados, los ministros de comunión.

Todas las parroquias siempre están buscando a laicos que deseen participar en misa, asu-miendo alguno de los estos ministerios litúrgicos. Hay personas que cantan hermoso, deberían ser parte del coro; hay otros que tocan algún instrumento, deberían también incorporarse al coro. Cada uno haciendo lo que le gusta y lo que sabe hacer.

Alguna vez en misa, una persona hizo una lectura muy lenta y bajita. No se entendió lo que leyó. En las bancas escuché a más de uno comentar agriamente sobre el lector.

Tal vez tú has tenido una experiencia parecida. Has estado en una comunidad que se ha quejado, porque no entendieron lo que leyeron. Pues bien, estás tú, a quien Dios le ha dado unos talentos y dones especiales para que los compartas con la comunidad parroquial. No debemos seguir quejarnos, más bien, debemos hacer posible para ofrecer nues-tro mejor tiempo y talento a Dios en la comunidad de fe.
Tú estás invitado o invitada a participar de la misa. No ha escuchar la misa, sino a tener una participación plena, consciente y activa. ¿En cuál de todos los ministerios litúrgicos vas participar?

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