SAU CFDD
May 282015
 

Por Padre Ed O’Melia
El Mensajero Católico

Cuando pienso en los 38 años de ministerio pastoral (25 y más con gente que habla español) dos imágenes vienen a mi mente. Uno es la de “padre” y la otra es la del “pescado fuera del agua.”

Fr. O’Melia

Los miembros de la parroquia de Sta. María cuentan lo del padre: “No me llames ‘padre’.” Uno de sus pastores, que tal vez pensaba que era demasiado joven para ser llamado “Padre”; prefería que lo llamen por su nombre no más. No obstante, él no pudo cambiar a la comunidad, porque aun así lo llamaban “Padre” a su pastor cuando yo llegué.

Para mí, “Padre” no tiene nada que ver con la edad. Tampoco se relaciona bien con lo que San Pablo dice a los Corintios (1 Cor. 4, 15) que él, Pablo, es su único padre en Cristo, porque engendró a su comunidad en la vida de Cristo.

Ni yo ni otros pastores podemos decir que engendramos a las comunidades que servimos; pero, sí, las cuidamos como padre o madre. Padres y madres se preocupan por sus hijos del mismo modo que los pastores, especialmente cuando parece que los “hijos” están en peligro. Claro, tenemos en la mayoría, hijos adultos, pero ¿cuántos padres se detienen de preocuparse por sus hijos adultos (aun cuando los evangelios dicen que no debemos de preocuparnos sino confiar en Dios)? Padres y madres también comparten la alegría de sus hijos en sus éxitos no obstante su edad.

Asique “Padre” me parece una imagen aceptable para un pastor. Pastores tienen relación única con cada oveja y del mismo modo que los padres con sus feligreses.

La imagen del “pescado fuera del agua” se aplica especialmente a los primeros dos años de ministerio con una comunidad. La comunidad tiene una historia sin el nuevo pastor. Sobre todo cuando la comunidad es diversa en lengua y cultura, requiere un tratamiento especial.

El nuevo pastor tiene que “tomar el pulso” de la comunidad y aprender sus maneras de hacer cosas. Uno no puede guiar a un grupo (ni a una persona) sin primero “unirse” con el grupo o con la persona — buscando entender. Cuando la lengua y la cultura es diferente a la del pastor, es aún más importante “unirse.”
Recuerdo un ejemplo muy claro, cuando yo estaba explicando a una religiosa puertorriqueña, que tuvimos un problema en una comunidad donde una persona pensó (y la mitad de la comunidad también pensó igual) que él era el Cristo venido a dirigir a la comunidad. Le dije a la madrecita “No saben lo que hacen.” Ella se fue muy enojada con lo que dije, porque para ella era más feo hablar de la ignorancia de la gente que de su culpa. Uno vive y aprende.
Todo el bien que hacen los pastores es gracias de Dios. Por eso, doy gracias a Dios si he hecho algo bueno en mis 38 años y pido perdón al Pueblo de Dios, por el daño que haya hecho esperando que los ángeles lo reparan. Dios es más grande que nuestros corazones.
(El Padre O’Melia es pastor de la parroquia de Santa María en Davenport.)

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