SAU CFDD
Sep 292016
 

Por el P. Gregory A. Steckel
El Mensajero Católico

Cuando estaba colocando los carteles y preparándome para la venta de las entradas de los deliciosos tacos, duros, pupusas, elotes, aguas frescas y flan que fueron vendidos en el Festival Latino anual de la parroquia de San José en West Liberty, un caballero me preguntó: “¿Qué están ce-lebrando?” Me sorprendió la pregunta y no pude contestarle, no pude pensar en ese momento y dar una respuesta apropiada.

Sergio Guerrero-Ibarra A group of dancers from St. Joseph Parish in West Liberty danced in front of the world’s tallest Our Lady of Guadalupe statue in Windsor, Ohio in August. The dance group performs in West Liberty and Columbus Junction every December for the Our Lady of Guadalupe celebrations.

Sergio Guerrero-Ibarra
A group of dancers from St. Joseph Parish in West Liberty danced in front of the world’s tallest Our Lady of Guadalupe statue in Windsor, Ohio in August. The dance group performs in West Liberty and Columbus Junction every December for the Our Lady of Guadalupe celebrations.

¡Resultó que fue una gran pregunta! Lo que yo debería haber dicho, sería algo así como: “No podemos dejar de celebrar una presencia viva en nuestra parroquia y en nuestra comunidad.” La gente, por si misma, han venido de otros países -del sur de la frontera- o, esta presencia se ha dado por sus antepasados; es una cultura vibrante que debe ser vivida continuamente con el fin de que sea preservada.

Aquellos que están unidos por el lenguaje español, transmiten una visión de cómo todo el mundo está conectado, y cómo todos en la comunidad deben apoyarse mutuamente y llevar las cargas de otros.

Ellos se reúnen con frecuencia para bautizos, bodas, quinceañeras, funerales y presentaciones que celebran la vida fami-liar y los compromisos para toda la vida.

Ellos, necesitan experimentar la alegría de ser quienes son y cómo se identifican como latinos/americanos, ya sea que vengan de América Central, México o Puerto Rico. Por otra parte, ellos necesitan extender esta celebración a cualquiera que esté interesado, para que también ellos, puedan experimentar la alegría de una comunidad unida entre sí por el amor y la preocupación por los demás.

Los latinos/americanos son parte de una orgullosa tradición de personas que se identifican como una cultura, una raza y, parte de la realidad de la cultural de nativos americanos, el que han transcendido en tiempo y en lugar. Ellos deben ce-lebrar con el canto y con la danza, pues, están agradecidos con lo que Dios les hizo ser.

Ellos deben tocar los tambores ruidosamente, justo aquí en el medio de la calle, en el centro de West Liberty. Sus corazones laten muy rápido, ya que están hipnotizados por la danza de los matachines cuyos juegos de pies “uno, dos, tres, uno, dos, tres” los conecta corporalmente con las generaciones pasadas, a esta danza que se ha visto y oído en toda la tierra de los aztecas.

Ellos deben ver a los niños moviéndose en largos vestidos blancos con panderetas al ritmo de la danza folklórica y la música sagrada. Dentro de sus corazones está el reconocimiento de que esto es tan parecido a los bailes observados hace 1.000 años, cuando los jóvenes bailaban para los mayores, asegurándoles que las tradiciones transmitidas serían realizadas para siempre.

Ellos no pueden dejar de celebrar la vida familiar, a pesar de los desafíos y la adversidad, de los problemas y de las tragedias que pueden ocurrir en la vida de sus familias que tratan tan duro por permanecer juntos. Hay algo acerca de lo que Dios los hizo, que sean, de esta manera como una familia y una comunidad, ellos pueden superar cualquier cosa en la vida, siempre y cuando se acuerden y celebren lo que son.

Tiene que haber una gran comida tradicional, que los conectan a las generaciones pasadas, disfrutando de la misma clase de simples ingredientes, combinados de la forma como dicen: “Estamos mucho mejor juntos que por separado.”

Tiene que haber el sonido de los niños pequeños riendo y divirtiéndose, jugando y todos ganando premios. Nosotros tenemos que coronar nuestras dos princesas. (Nadie siquiera notó, que teníamos dos ganadores del concurso para ver qué familia podía vender la mayor cantidad de tamales, que fue hace unas pocas semanas después de la misa.)

Me tomó algunos días encontrar las palabras co-rrectas para la respuesta a esa simple pregunta: “¿Qué están celebrando?”. Debido a que es tan difícil poner en palabras lo que está tan implícito en la vida cotidiana. Hay una tendencia natural de no mostrarnos orgulloso de algo que se nos ha dado como miembro de una comunidad.

Yo les apuesto a que el chico que me hizo la pregunta estuvo contento de que yo no haya encontrado las palabras para expresar por qué debemos celebrar. Él estaba más interesado en comprar algunos boletos, y así poder obtener los primeros tacos que salían de la parrilla.

(P. Steckel es pastor de la Parroquia de San José en West Liberty.)

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