Oct 272016
 

Por el P. Bernie Weir
El Mensajero Católica

Las Hermanas de la Humildad, quienes enseñan en la escuela católica de Santa María en Albia, tuvieron una gran influen-cia en mí cuando fui un niño y esta influencia ha siendo importante para mí durante estos primeros 30 años de sacerdocio.

P. Weir

P. Weir

No recuerdo todas las cosas que ellas nos contaron sobre los mártires. Lo que sí recuerdo es que nos enseñaron que si uno era un mártir, se iría directamente al cielo. Como un buen chico católico, pensé que sería una cosa mara-villosa ser un mártir. Así comenzó mi amor por los mártires. Yo quería ser uno de ellos.
A medida que fui creciendo, me di cuenta de que los mártires tuvieron muertes horribles y dolorosas. Yo ya no estaba tan seguro de que quería ser uno de ellos. También me di cuenta de que a veces los mártires fueron consideradas como “Santo X y compañía.”

Si yo iba a ser un mártir, quería al menos tener mi propio día en el santoral. Yo no quería ser “Santo X y compañía.” Ahora, eso es estar a la altura de lo que es un mártir. ¿No?

Yo todavía tengo un gran amor por nuestros mártires. Yo estoy escribiendo este artículo antes de la canonización de un santo, pero ustedes lo van a leer después de que todo ya ha sucedido.

El 16 de octubre, el Papa Francisco canonizará a José Sánchez del Río, un mártir de 14 años de edad que murió en 1928 defendiendo su fe católica como un miembro de los cristeros.

Pensé en ir a Roma y asistir a la misa de canonización. En lugar de eso, he decidido ir a Sahuayo, Michoacán, México, la ciudad natal de José Sánchez y el lugar de su martirio.

El 15 de octubre, estaré en el camino de la peregrinación conocido como “El Sendero,” visitando la parroquia de su infancia, la casa de su niñez y el lugar de su martirio. A las 11 p.m. voy a ser parte de la vigilia, previo a la transmisión de la misa que será simultánea desde Roma a las 3 a.m.

El 16 de octubre, voy a estar en la concelebración de la misa en el mismo lugar del martirio de José Sánchez.

Yo Estudié en Morelia, Michoacán, hace muchos años. Morelia está a unas tres horas de Sahuayo viajando en coche. Fue en Morelia donde aprendí sobre la iglesia Mexicana. Fue en Morelia donde supe sobre la opresión de la Iglesia Católica. Cuando yo estuve arreglando mi viaje para vivir y estudiar durante seis meses en Morelia, me dijeron que sería mejor no llevara ninguna identificación que mostrara que era sacerdote.

Varios años más tarde yo quise visitar al obispo Samuel Ruiz, para mí, un héroe de la fe, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. La Diócesis de San Cristóbal me llamó unos pocos días antes de que fuera a salir y me dijeron que no vaya porque no era un lugar seguro para un sacerdote extranjero en ese momento. Yo no fui. La persecución religiosa estaba todavía muy viva en ese momento en México.

Las libertades religiosas son objeto de ataques en los Estados Unidos. En muchas partes del mundo uno puede morir por ser cristiano. Es importante que proyectemos las libertades religiosas de todas las religiones y credos. Nuestros mártires murieron haciendo precisamente eso.

No nos preocupemos en convertirnos en mártires en este país. De hecho, es casi imposible. Tenemos una tendencia a ver a los mártires como personas que vieron desde lejos hace mucho tiempo atrás. Los mártires son más que eso. Yo conocí a personas cuyos abuelos conocieron a la familia de José Sánchez. Los mártires son reales y son parte muy importante de nuestras vidas. Yo he sacado fuerzas y renovación de ellos.

Yo decidí hace mucho tiempo que si yo pudiera lo evitaría, yo ya no quiero ser un mártir. Yo rezo desde ahora para que mi fe sea lo suficientemente fuerte para ser digno de caminar el Camino de José Sánchez hacia el martirio o sufrimiento.

Una frase común para las personas de fe, que hablan español es “Viva Cristo Rey”. Es una frase que la estaremos diciendo frecuentemente a medida que seguimos los pasos de José Sánchez y otros mártires en el camino de Sahuayo. Es mi plan, pedir por la intercesión de José Sánchez y los otros mártires de Sahuayo y de esta manera, yo tendré la fe para decir: “Viva Cristo Rey.”.

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