SAU CFDD
Dec 222016
 

Dear Brothers and Sisters in Christ,

As the days grow increasingly shorter, and darkness seems to be defeating the light, and after such a contentious and divisive election, perhaps we would do well to reflect on how we might be a light of hope and peace, reconciliation and unity to those around us.

Bishop Amos

As we sing the Gloria again, we’ll use words to refer to Christ that were once used to refer to the Roman Emperor: a reminder that there is no earthly power greater than Christ, that there is no peace deeper or more real than the peace that Christ brings.

As we read the stories from Matthew’s Gospel, we’ll be reminded that the Holy Family was a refugee family, fleeing persecution. We’ll be reminded that the Three Wise Men were foreigners, outsiders, a diverse collection of individuals who brought great gifts with them. We’ll be reminded of the virtue of hospitality.

In my first Christmas letter to you in 2006, I encouraged us to be a welcoming diocese, to make room in the inn of our hearts and our institutions for those on the margins. When I wrote in 2007, I called all of us to remember…

To remember in prayer those who are without shelter, and work for fair housing and labor practices.

To remember the visitor among us, and work for a just system of immigration.

To remember those who are ridiculed and rejected, and work for a more welcoming society.

To remember that the Prince of Peace came to us in the most unlikely of places, and keep our eyes and hearts open to finding Christ hidden among us again.

To remember one another, and ensure that — whatever our differences — we make our homes and parishes, our schools and programs, true places of welcome and beacons of hospitality.

Our vocation to be salt, leaven, and light in the world, to be agents of mercy and reconciliation, is as important now as it has ever been.

And, firmly rooted in Christ, let us enter 2017 filled with hope.

Se una luz de esperanza y paz

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,

A medida que los días se vuelven cada vez más cortos y la oscuridad parece estar derrotando a la luz y, después de una elección tan contenciosa y divisiva quizás, haremos bien en reflexionar sobre cómo ser una luz de esperanza y paz, de reconciliación y unidad con aquellos quienes nos rodean.

Cuando volvamos a cantar el Gloria, nosotros usaremos palabras para referirnos a Cristo, palabras que una vez se utilizaron para referirse al emperador romano: un recordatorio, que no hay poder terrenal más grande que Cristo, que no hay paz más profunda o más real que la paz que trae Cristo.

Al leer las historias del Evangelio de Mateo, nosotros recordemos que la Sagrada Familia fue una familia refugiada, huyendo de la persecución. Recordemos también que los Tres Reyes Magos fueron extranjeros, extraños, una diversa variedad de individuos que traían grandes regalos con ellos. Recordemos la virtud de la hospitalidad.

En mi primera carta de Navidad para ustedes en el 2006, los animé a ser una diócesis acogedora, a hacer un espacio en la posada de nuestros corazones y en nuestra institución para los que están marginados. Cuando les escribí en el 2007, los llamé a todos a recordar…

Recordar en la oración a aquellos que no tienen refugio, y trabajan por una vivienda y un trabajo justo.

Recordar al visitante que esta entre nosotros y trabaja por un sistema justo de inmigración.

Para recordar a los que son ridiculizados y rechazados, y trabajan por una sociedad más acogedora.

Recordemos que el Príncipe de la Paz viene a nosotros en los lugares más improbables, y mantengamos nuestros ojos y corazones abiertos a encontrar a Cristo, quien está escondido entre nosotros otra vez.

Recordémonos unos a otros y asegurémonos que — cualesquiera que sean nuestras diferencias- nosotros hacemos de nuestros hogares y parroquias, de nuestras escuelas y programas, verdaderos lugares de acogida y faros de hospitalidad.

Nuestra vocación de ser sal, levadura y luz en el mundo; de ser agentes de misericordia y reconciliación, es tan importante ahora como lo ha sido siempre.

Y, firmemente arraigados en Cristo, entremos en el 2017 llenos de esperanza.

With my prayers for a joyous Christmas/

Con mis oraciones por una feliz Navidad,

Most Reverend Martin Amos/Mons. Martin Amos
Bishop of Davenport/Obispo de Davenport

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