SAU CFDD
Jun 292017
 

Por el P. Jim Betzen, C.PP.S.
El Mensajero Católico

Soy un sacerdote bilingüe en la parroquia de Santa Maria en Ottumwa y hablo el español. ¿Cómo llegué a hablarlo fluido? Ese es el tema de este artículo. Como muchos estudiantes, tuve dos años de español en la escuela secundaria y un año en la universidad. Aprendí un poco de gramática y de vocabulario en español, pero aun así no hablaba con fluidez, eso vino después. Como seminarista con los Misioneros de la Preciosa Sangre, tuve un año de especial de formación entre la universidad y la teología de posgrado.

Fr. Betzen

Pasé siete meses en la parroquia de Santa Maria en Garden City, Kansas, entre septiembre y el tiempo de Semana Santa. Cuando llegué a esa parroquia, me preguntaron si había estudiado español en la escuela. Pronto fui nombrado ministro eucarístico y di comunión semanal a las personas que hablaban español en sus ho-gares. Esa fue una excelente manera para practicar el español, porque yo quería hablarlo y solo lo escuchaba y lo entendía en su mayoría.

Entonces, los Cursillistas vinieron a la rectoría y preguntaron si uno de nosotros podría ser su capellán. Creo que el Espíritu Santo me inspiró a ser voluntario. Como capellán, los oí cantar y orar y me sentía como en casa. Esta experiencia me dio la motivación para querer hablar con fluidez el español y me ayudó a entender, que en mi ministerio sacerdotal estaría trabajando con feligreses que hablaban español. Esta expe-riencia también influyó en mi decisión de asistir a la Unión Teológica Católica en Chicago, donde pude continuar mi formación con las comunidades hispanas. Durante mis estudios en Chicago, hice mi ministerio en las parroquias de habla hispana cercanas al lado oeste.

Fui ordenado en 1981, y mi primera misión fue ir a una parroquia germano-rusa en Dakota del Norte. Yo estaba dispuesto y esperando ir al sur, donde comenzaría el ministerio hispano. En julio de 1983, fui a San Angelo, Texas, y a finales de agosto fui a una escuela de idiomas para aprender el español en la Ciudad de México. Un compañero sacerdote fue conmigo y buscamos una iglesia cercana a la escuela. Yo encontré mi hogar en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, a siete cuadras de la escuela.

Asistí al Centro Cultural Mexicano-Norteamericano que impartía clases durante tres semanas de 9 a.m. a 1 p.m. Como parte de mi responsabilidad en la Iglesia del Sagrado Corazón, daba misa diaria en español, tres misas dominicales en español y misa el sábado por la noche en inglés para los turistas. Durante el primer mes de mi estancia, el párroco entraba y daba la homilía en español. Después de un mes, yo escribía y leía mis homilías en español. Entonces, comencé a notar que hablaba con más fluidez con el sacerdote, con el secretario, con las familias que vivían en el primer piso de la rectoría y proporcionaba servicios para la rectoría y la iglesia.

Las visitas ministeriales y sociales a los feligreses también me ayudaron a hablar con mayor fluidez en español. Hacia llamadas telefónicas a los hogares de los enfermos, así como realizaba bendiciones de todo tipo. En marzo de 1983, regresé a Texas para iniciar el ministerio mexicano-americano. Fue un ministerio muy bilingüe. Hablando en general, los ancianos hablaban español, los de mediana edad eran bilingües y los jóvenes hablaban inglés.

En julio de 1993, fui a Kansas City, Missouri, donde trabajé como pastor en una parroquia de mexicanos e inmigrantes de América Central. Mi español se volvió mucho más fluido, ya que los inmigrantes solo hablaban español. El dar clases de bautismo, preparar a los matrimonios y visitar a las familias de los inmigrantes mejoró mi conversación en español. En el 2004, fui a Sedalia, Missouri, donde realice mi ministerio para los Anglo, así como para los inmigrantes centroamericanos. Muchos de los inmigrantes trabajaban en compañías como Tyson Foods, una planta procesadora de pollos. En el año 2014, llegué a la parroquia de Santa Maria de Ottumwa donde continúo trabajando con los inmigrantes de Centroamérica.

Se necesita motivación para aprender una lengua extranjera. Mi motivación viene porque quiero comunicar mi fe en español y porque quiero disfrutar con los inmigrantes hispanos. También se necesita humildad para aprender otro idioma porque creo que uno tiene que ser como un niño. Uno necesita comenzar aprendiendo palabras simples, cortas y escuchando bien. Los niños aprenden escuchando como hablan los adultos.

Uno también tiene que ser paciente. Cuando escuchas y hablas español por un tiempo considerable, empezarás a pensar en español más que en inglés: ¡Eso es un gran logro!. Otra forma de aprender español, además, de tomando las clases para adultos es viendo la televisión en español. Ver las noticias en español es un buen método, ya que la mayoría son repetitivas y familiares. Si usted tiene acceso a un misal bilingüe, usted puede revisar las lecturas en español, después de que las haya leído en inglés. También para llegar a hablar en español, hay que visitar a los vecinos que hablan español, y creo que será muy fácil encontrar a muchas de ellos en nuestras ciudades de Iowa.

(El P. Jim Betzen es párroco de la parroquia de Santa Maria en Ottumwa.)

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