SAU CFDD
Nov 302017
 

Por Jourdan Reynolds
El Mensajero Católico

San Pablo y San Francisco de Sales montaban a caballo cuando Dios les habló y les llamó a un ministerio. Yo, en cambio, montaba una cortadora de césped. Yo era estudiante de primer año en la escuela secundaria, simplemente cortando la hierba cuando un pensamiento vino a mí: “Sabes, quiero ser sacerdote cuando crezca. Tengo un papá increíble, que trabaja mucho y siempre quiere lo mejor para nosotros. Quiero hacer exactamente lo mismo”. Me gustó mucha la idea y sentí paz, pero por alguna razón no me consideró tiempo después. No sería hasta mucho más tarde que yo descubriría que esto era la voz de Dios que me había hablado de mi vocación.

Reynolds

El pensamiento de mi vocación no volvería sino hasta que asistí a misa en mi escuela dos años más tarde. En su homilía, nuestro capellán nos estaba explicando el problema de no tener suficientes sacerdotes para nuestras parroquias. Lo recuerdo mirando a todos los chicos y diciendo: “Tal vez, Dios está llamando a algunos de us-tedes al sacerdocio,” de los cuales todos nos miramos y nos reímos. Después, sin embargo, sentí tristeza dentro de mi corazón. Disfruté mi tiempo asistiendo a misa, yendo a la confesión, y rezando ante el Santísimo Sacramento, pero para tener estos, necesitamos a los sa-cerdotes. Fue entonces que otro pensamiento vino a mí: “Cualquiera que sea la vocación que eventualmente elija; espero que aumente las vocaciones al sacerdocio.”

¿Qué haces si no sabes qué ropa quieres en la tienda? ¡Pruébala! Pues, así elijo la ropa que me gusta más, y algo parecido era para mí descubrir mi vocación. Yo, más o menos siempre quise casarme y tener una familia, pero no vi cómo eso aumentaría las vocaciones al sacerdocio. Decidí poner mis ideas sobre el matrimonio en espera, y mirar al sacerdocio y la vida religiosa. Y así, durante mi carrera universitaria visité cuatro órdenes religiosas dife-rentes y también mi seminario diocesano. Con cada visita, adquirí más conocimiento y perspectiva. Nunca imaginé qué única y diversa era cada orden, ni qué intenso el proceso de formación para ser sacerdote. Todas estas cosas me tomaron con maravilla y asombro, que a su vez aumentó mi deseo de promover las vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa.

Algún tiempo después, recuerdo asistiendo a misa en un lugar fuera de la ciudad. Mientras estábamos haciendo las peticiones, una de las intenciones inmediatamente me llamó la atención: “Oremos por todas las familias católicas, para que puedan fomentar las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa”. A la vez, sentí esa paz familiar dentro de mí. Hubo un sentimiento de saber que Dios confirmaba mi vocación a la vida de matrimonio. Ser el mejor esposo y padre que yo podría ser, me haría el instrumento de Dios para fomentar las vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa, e incluso a la vida matrimonial. No estaba seguro de cómo lograría esto, pero de una manera u otro, Dios proveería y respondería a mis oraciones. Hasta el día de hoy, continúo rezando y escuchando a los mensajes de Dios en cuanto a lo que desea para mi familia y para mí. Es mi esperanza y deseo que Dios haga lo mismo por los demás, ayudándoles a descubrir su identidad y propósito.

(Jourdan Reynolds es secretario y contable de la parroquia de Santa María en Ottumwa. Está casado y tiene un hijo.)

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