Acompañándonos

Por P. Guillermo Treviño
El Mensajero Católico

El último mes asistí al V Encuentro del Ministerio Hispano. Fue una sorprendente reunión de más de 3,000 líderes católicos latinos. Muchos cardenales estuvieron presentes y cerca de 200 obispos, incluyendo a Mons. Thomas Zinkula de nuestra Diócesis de Davenport. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue el tema clave del Encuentro: el acompañamiento.

Estamos llamados a acompañarnos en este viaje de la vida. Podemos estar bien en cualquier momento, pero otros no. Recuerdo hace 11 años. No tenía idea de lo que pasaría, pero me sentí llamado a ser sacerdote. Así que empecé el proceso en la Diócesis de Peoria, Illinois, pues, yo crecí en Moline, que es parte de la Diócesis de Peoria.

Me invitaron a que fuera al semi-nario en Minnesota, pero yo estaba muy verde, muy áspero por dentro y por fuera. Por eso, me dijeron que quizás mire ser otra cosa. Eso me devastó. Aquí está la cita exacta de lo que dijo un sacerdote con respecto a mis aspiraciones sacerdotales: “No lo veo”. Quedé devastado y lloré hasta dormir esa noche.

Un joven seminarista llamado Christian Reyes me preguntó: “¿Por qué lloras?” Respondí: “No estoy seguro si este es mi llamado”. Él me dijo que tome una cerveza y que estuviera con sus amigos en su cuarto para que podamos hablar. Christian me dio lo que yo necesitaba, alguien que me acompañara en ese día tan difícil. Probablemente fue el segundo día más difícil de mi vida.

Estuve con algunos otros después de recibir estas malas noticias sobre mi vocación. Pero la presencia de ellos era lo que yo necesitaba para continuar mi vocación al sacerdocio. Regresé a casa y hablé con mi pastor. Él me dijo: “Si Dios quiere que tú seas sacerdote, así será y si Él no lo desea, tú no serás sacer-dote.”

Dos hermosas ironías provienen de esta historia. Primero, ahora soy sacerdote con tres años de ministerio. Segundo, en una sesión del V Encuentro en Texas, me encontré con Christian Reyes. Mi sonrisa se iluminó; me miró diciendo: “¡Te conozco!”. Le dije: “¡Sí!”. Él ahora es un hombre casado y director del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de St. Paul-Minneapolis, Minnesota, y yo soy sacerdote. Si no fuera por ese fatídico día, ¿quién sabe dónde estaría hoy?

El desafío que les doy: Sé que muchas personas en nuestro mundo están sufriendo, luchando contra la vida y necesitan a alguien solo para estar allí. ¿Ese alguien puede ser usted?

La Visión 20/20, el V Encuentro y la Alegría del Evangelio nos están llamando a ser mucho más eficaces en nuestro alcance evangelizador. Ese alcance, sin embargo, puede ser tan simple como dar su tiempo para aquellos que están en necesidad. Yo soy una prueba viviente de lo que puede pasar cuando alguien cree en tí. ¡Qué podamos creer en el potencial de los otros!

(Padre Treviño sirve en la parroquia de San Patricio en Iowa City y en la parroquia de San José en West Liberty.)

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