María, Modelo de toda vocación

Por Padre Joseph Sia
El Mensajero Católico

En nuestra actual oración diocesana por las vocaciones, terminamos con esta invocación: “María, modelo de todas las vocaciones, ruega por nosotros.” ¿Por qué se considera a María como mo-delo de todas las vocaciones? ¿Cómo puede ser ella el mo-delo para los hombres que son sacerdotes, diáconos, hermanos religiosos o esposos? San Juan Pablo II, en la exhortación que escribió en 1992 llamada: “Pastores Dabo Vobis” (Yo les daré pastores, en español), explica por qué María es el modelo de la vocación sacerdotal. Esta explicación también puede extenderse a todas las demás vocaciones.

Fr. Sia

San Juan Pablo II dice: “Cada aspecto de la formación sacerdotal puede referirse a María como la persona humana que mejor que nadie ha correspondido a la vocación de Dios; que se ha hecho sierva y discípula de la Palabra hasta concebir en su corazón y en su carne al Verbo hecho hombre para darlo a la humanidad; que ha sido llamada a la educación del único y eterno Sacerdote, dócil y sumiso a su autoridad materna. Con su ejemplo y mediante su intercesión, la Virgen santísima sigue vigilando el desarrollo de las vocaciones y de la vida sacerdotal en la Iglesia.”

Por lo tanto, la característica clave de María es que ella “respondió al llamado de Dios” y su respuesta fue tan íntima y sincera que concibió en su propio vientre al mismo Jesucristo. Así que, cualquier persona que desee vivir su vocación, ya sea el matrimonio, la vida consagrada, la vida de soltero o soltera, el diaconado o el sacerdocio, también debe ser capaz de unirse a Dios. Al igual que estar abierto o abierta a la fuente de bendiciones que brotan de Dios. Al hacerlo, también podemos experimentar la encarnación de Cristo, como la experimentó María; es decir, haremos presente a Dios en el mundo a través de nuestra vocación.

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Los tiempos litúrgicos de Adviento y Navidad nos ofrecen muchas oportunidades para celebrar el ejemplo de la Virgen María. A través del dogma de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre), María, en su disposición pura y sin pecado, nos inspira a pecar menos. En sus apariciones como Nuestra Señora de Guadalupe (12 de diciembre), recordamos nuestra importante misión de llevar la Buena Nueva a todos los pueblos. María, como la mujer gentil que dio a luz a Cristo (25 de diciembre), nos ayuda a darnos cuenta que el “sí” de una persona a Dios, puede marcar la diferencia para el mundo entero. Como Madre de Dios (1 de enero), María, nos ayuda a apreciar a nuestro Dios, quien es tan humilde que eligió nacer de una mujer.

Mientras continuamos orando por las vocaciones, nunca perdamos de vista a la Santísima Virgen María quien nos inspira a perseverar. María, quien siempre fue fiel a Dios, también será fiel con nosotros.

(P. Joseph Sia es director de vocaciones de la Diócesis de Davenport y ministro sacramental de la parroquia de Santa María en Davenport).


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