Dios habla en el silencio

Por Padre Joseph Sia

El Mensajero Católico

Cuando me desperté esta mañana, la primera cosa que noté fue lo silencioso que estaba. De hecho, estaba inquietantemente silencioso. No escuchaba el ruido habitual de los carros que pasan por la Ave. Central Park en Davenport (Donde están las oficinas diocesanas). El equipo de construcción que trabaja en el estadio atrás de la escuela secundaria Asunción, no estaba en movimiento y, había muy pocos carros estacionados en la Cancillería. Han pasado unos días desde la implementación de las estrictas medidas de política pública, destinadas a frenar la propagación de la infección por el coronavirus.

Fr. Sia

Este fenómeno no es exclusivo de Iowa. Prácticamente, casi todas las ciudades del mundo se han cerrado ante este problema de salud. Las personas publican fotos en las redes sociales de calles, centros comerciales, iglesias y otros lugares públicos vacíos. Se sabe de aviones volando vacíos o de cruceros que están atracados en la costa. Nunca antes habíamos presenciado tales escenas de desolación y no sabemos cuánto durará.

Necesitamos ser conscientes del daño potencial de los efectos psicológicos, emocionales y espirituales. Puede ser difícil para muchos de nosotros adaptarnos a cambios tan drásticos y la persistente incertidumbre puede contribuir a la ansiedad y la irracionalidad. Ya hemos visto que esto se manifiesta en la compra de bienes básicos y artículos de higiene en los supermercados. La posibilidad de perder el trabajo o recibir menos ingresos puede tener efectos negativos, especialmente para aquellos que están en desventaja económica. Algunas personas pueden experimentar tristeza y, si están predispuestas, pueden caer en la depresión. Muchos de nosotros estamos preocupados por el bienestar de nuestros familiares y amigos. No es fácil lidiar con el estrés de no saber si estarán sanos. Aquellos que tienen parientes enfermos o que han sido infectados con el virus enfrentan desafíos sin precedentes.

No poder participar de la misa y de recibir el Cuerpo de Cristo también puede ser una realidad asombrosa. Incluso, el hecho de saber que la Iglesia no está abierta para recibir grandes cantidades de personas al mismo tiempo, es difícil de tratar. La misa “transmitida en vivo” parece una gran idea, pero pronto nos daremos cuenta, que no es lo mismo estar físicamente presente con Dios y con los demás. Por supuesto, no podemos ofrecer confesiones por teléfono, mensaje de texto o mensajes en Facebook. Tampoco podemos bautizar a un niño a través de una cámara o ungir a una persona enferma virtualmente. Hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos, pero la tecnología también tiene límites.

En medio de todo esto, quizás sería bueno darse cuenta, que el silencio y la soledad que estamos experimentando, Dios está presente. Por supuesto, Dios siempre ha estado presente, incluso cuando estábamos tan conectados a las distracciones a las que nos hemos acostumbrado. Ahora que se han eliminado estas distracciones, podría ser un momento oportuno para reconocer que Dios está allí. Esperemos que este sea un momento para que escuchemos el susurro de Dios en nuestro corazón. Que podamos escuchar la reconfortante voz de Dios que nos habla de su amor por nosotros y su deseo de que estemos con Él para siempre en el cielo. Esto solo puede ser suficiente para calmar nuestros temores y preocupaciones. Que fortalezca nuestras mentes y emociones ya frágiles, para que podamos continuar en nuestra peregrinación de fe, confiando en superar las pruebas que enfrentamos hoy.

Que nuestra hambre de Dios crezca aún más durante este tiempo de privación, para que tengamos un deseo renovado por los sacramentos, sobre todo, la “fuente y cumbre de nuestra fe”, la Eucaristía. Una vez que todo esto haya terminado, podemos tener una mejor apreciación de lo que realmente importa. Este es un momento para escuchar a Dios, en el silencio, donde Él habla.

(P. Joseph Sia es director de vocaciones de la Diócesis de Davenport y ministro sacramental de la parroquia de Santa María en Davenport).

Print Friendly, PDF & Email
Facebooktwittermail
Posted on

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *