De la Cruz a la Resurrección

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:

Este Domingo de Pascua, muchos de ustedes, tal vez por primera vez, experimentarán la misa de Pascua en su hogar a través de la televisión o la transmisión en vivo en las redes sociales. Del mismo modo, esta será la primera vez que nuestros sacerdotes celebren el Triduo en una iglesia vacía.

Bishop Zinkula

De alguna manera, todos hemos estado compartiendo la difícil cruz de no poder reunirnos para la misa y los demás sacramentos. Algunos llevan la desgarradora cruz de no poder estar con un ser querido o un feligrés que se está muriendo de COVID-19. Y ellos mismos llevan la terrible cruz de morir solos. ¿Cómo llegamos de la Cruz a la Resurrección? Según el Comité Católico de los Apalaches dice: “Si somos personas de Resurrección, necesitamos estar en lugares de Crucifixión”.

La Cruz de la pandemia de coronavirus seguirá con nosotros el Domingo de Pascua. En nuestro miedo y angustia, podríamos cuestionar a Dios: “¿Dónde te encuentras en este momento? ¿Dónde está la nueva vida, la vida Resucitada de Pascua?

A su vez, Dios podría cuestionarnos: “¿Dónde te encuentras tú en este momento? ¿Aquellos que se encuentras sanos, cuidan de los que están enfermos? ¿Los miembros de la familia se están amando? ¿Los que tienen privilegios y posibilidades de oran, llegan a los que tienen dolor y sufrimiento en las periferias, en los márgenes?

Cuando Jesús cargó su cruz por los demás, por nosotros, hacemos lo mismo. Así es como llegamos de la Cruz a la Resurrección, al estar juntos en los lugares de crucifixión.
San Juan Pablo II dijo alguna vez:

No hay ningún mal que enfrentar que Cristo no enfrenta con nosotros. No hay enemigo que Cristo no haya conquistado. No hay una cruz para soportar que Cristo no haya soportado y que ahora no lleve con nosotros. Y en el otro lado de cada cruz, encontramos la novedad de la vida en el Espíritu Santo, esa nueva vida que alcanzará su cumplimiento en la Resurrección. Este es nuestro testimonio delante del mundo.

Al igual que usted y su familia, nuestras parroquias sufren esta crisis y necesitan nuestra ayuda. Estoy profundamente agradecido con aquellos que pueden seguir apoyando a la Iglesia con su colecta semanal. Su aporte dominical es muy importante para que su parroquia siga funcionando, incluso para llegar a los más necesitados, en este momento sin precedentes.

Aunque nos vamos a extrañar este Domingo de Pascua, sin embargo, estaremos unidos en Cristo. Sigamos orando los unos por los otros. Oremos por nuestros socorristas y profesionales de la salud, nuestros farmacéuticos y trabajadores de supermercados, nuestros conductores de entrega, empleados del correo y otro personal esencial que arriesga su vida exponiéndola al COVID-19, sirviéndonos durante esta crisis; para que nosotros podamos quedarnos en casa y mantenernos sanos. Y, finalmente, recemos por aquellos que más sufren como resultado de esta pandemia.

Por favor, recordemos que sin importar que confinados parezcamos estar en lugares de Crucifixión, somos un pueblo de Resurrección. ¡Nosotros somos un pueblo de Pascua!

¡Virgen Santísima de Guadalupe, Reina de los Ángeles y Madre de las Américas, ora por nosotros.

Sinceramente en Cristo,

Rev. Mons. Thomas Zinkula
Obispo de Davenport

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