Preguntas para reflexionar: ¿A dónde me llama Dios? ¿Cómo puedo responder?

Por P. Ross Epping
El Mensajero Católico

Para la mayoría de nosotros, la “vocación” tiende a evocar imágenes de sacerdotes, monjes y religiosas. Cuando hablamos de vocaciones, tendemos a hablar del llamado de Dios a un hombre a la vida sacerdotal o de una mujer a la vida religiosa.

Father Epping

Durante el verano, tuve una conversación con uno de mis ex adolescentes, ahora un joven estudiante de segundo año en la universidad. Le conté que me habían nombrado Director de Vocaciones y las primeras palabras que salieron de su boca fueron: “Por favor, no trates de convencerme, que debo ser sacerdote”. Nos reímos de eso. Pero esa declaración me llevó a pensar en lo mucho que hemos perdido lo que realmente el término vocación significa.

El término significa llamada o citación y, así mismo, responder a esta llamada específica. No se trata de tener un trabajo, ni siquiera de hacer un trabajo. En nuestro contexto cristiano católico, significa participar en la obra de Dios y sumergirnos en aquello para lo que nacimos. No todos nacemos para ser sacerdotes. No todas nacemos para ser religiosas consagradas. Esa es la belleza del reino de Dios. No se supone que todos seamos iguales, hagamos lo mismo y vivamos igual. Tienes un don que yo no tengo. Tu vecino tiene un don que tú no tienes. Ésta es la gracia de ser miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

Todos nosotros, en virtud de nuestro bautismo, hemos sido acogidos en el pueblo sacerdotal de Dios. Si bien algunos de nosotros hemos sido llamados para dirigir la adoración y predicar y administrar los sacramentos de Dios, la mayoría no es llamada para esto. Ese hecho no disminuye de ninguna manera nuestro papel personal en la Iglesia y en el mundo. Somos llamados al ministerio, confirmados y fortalecidos en la adoración, y creados para el servicio de nuestros hermanos y hermanas. Si bien algunos de nosotros hemos sido llamados a la ordenación o consagración, todos somos llamados y convocados a través de nuestro bautismo común.

Descubrimos nuestra vocación a través de este ministerio común de ser: ser quienes ya somos, hacer lo que ya estamos haciendo, con una marcada diferencia: nosotros nos entendemos como personas de Dios en y para el mundo.

Podemos encontrar la Palabra de Dios y los sacramentos dentro de los muros de nuestras parroquias, pero nunca terminan ahí. Tanto la Palabra de Dios como los Sacramentos son llevados al mundo por todos los que han sido bautizados; por todos aquellos que lo practican y por todos los que ponen en  acción en las mil formas y lugares, más allá de lo que podría hacer un ordenado o consagrado por sí solo.

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Esta pandemia en la que nos encontramos nos ofrece, también, una cantidad de oportunidades por descubrir.  Respondiendo al llamado de Dios no requiere virtudes específicas de nosotros, porque ya hemos sido marcados como propiedad de Cristo para siempre. Todo lo que se necesitamos ahora es una buena imaginación, mucha oración, una oración sincera y hacernos estas dos preguntas: “¿A dónde me está llamando Dios? ¿Y cómo podría yo responder?

(Padre Ross Epping es el director de las Vocaciones para la Diócesis de Davenport y párroco de Santa María en Grinnell.)


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