Hermana Irene Muñoz habla sobre su experiencia trabajando con inmigrantes y migrantes

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Hna. Irene Muñoz, CHM, habla con una familia migrante en Muscatine a finales de 1960.

Por: Lindsay Steele
El Mensajero Católico

Aunque sucedió hace más de 70 años, la hermana Irene Muñoz, CHM, nunca olvidará el día en que en la tienda de su localidad le dieron el cambio equivocado. Siendo una joven mexico-americana, viviendo en la zona rural de Iowa en la década de 1940, pensó que la idea de regresar y pedir el cambio adecuado era abrumadora. Su padre la animó a volver a la tienda y decir que el vuelto no era el correcto. “Fui y estaba muy nerviosa. Pero el empleado me dio el cambio correcto, ¡y me sentí bien! ”

En los años transcurridos desde entonces, la hermana Irene ha trabajado para lograr otros tipos de “cambios”, particularmente en las vidas de las mujeres inmigrantes y migrantes. Su misión es y siempre ha sido mostrarles que sus voces y sus vidas son importantes y por las que vale la pena luchar.

La hermana Irene, quien es la responsable del minis-terio multicultural de la parroquia de Santa María de la Visitación, para el área de Ottumwa, se unió a las Hermanas de la Humildad a fines de la década de 1950. Su hermana, Molly, también fue una Hermana de la Humildad. La hermana Irene recuerda: “Teníamos la loca idea de que podíamos cambiar el mundo y amar a las personas y enseñarles a respetarse unos a otros. Nuestra fe firme nos llevó a entrar realmente allí y pensar en estas personas que están sufriendo y preguntarnos: “¿Cómo podemos relacionarnos con ellos? ¿Qué podemos hacer?'”

Desde la década de 1960 hasta la de 1980, las hermanas Muñoz realizaron su ministerio con trabajadores agrícolas migrantes en el área de Muscatine. “Vi muchas injusticias, especial-mente para las mujeres”, recuerda la hermana Irene. “Las mujeres trabajaban largas horas con los hombres, agachándose y recogiendo tomates, y luego regresaban a casa… quemadas por el sol y cansadas, para luego seguir el trabajo en casa, haciendo las co-midas y el cuidado de los niños”. Las mujeres no tenían el tiempo ni el dinero para ocuparse de los pro-blemas de salud, como el envenenamiento por pesti-cidas, el embarazo y las picaduras de arañas.

Para empoderar a las mujeres, las hermanas Muñoz ayudaron a establecer una clínica en el lugar. Estudiantes de medicina de último año de la Facultad de Medicina de la Universidad de Iowa en Iowa City brindaron la atención. “Todos los viernes durante la temporada migratoria teníamos una clínica gratuita para ellos”, dijo la hermana Irene. “Pudieron recibir atención prenatal y posnatal y vacunarse”. Las hermanas también abogaron por una mejor vivienda y educación para los trabajadores migrantes y sus familias.

En Ottumwa, la hermana Irene observa que las mujeres inmigrantes y migrantes continúan enfrentando obstáculos relacionados con la pobreza, la atención médica, un sistema de inmigración “inhumano” y la discriminación racial. Culturalmente, ha sido un desafío para las mujeres hablar, “pero esto está comenzando a cambiar. Lo veo más en mujeres jóvenes. Se están involucrando más en política, asuntos comunitarios y asuntos nacionales “además de cuidar a sus familias”.

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En Ottumwa, ve que las mujeres se involucran más en organizaciones como la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC). “Estoy muy contenta con eso”, dijo la hermana Irene. “Tienen que poder expresar lo que quieren; tienen derecho a tener una vida digna y no deben ser maltratadas ni violadas. Necesitamos permitirles alcanzar la plenitud de sus vidas, sea lo que sea”.

Hablar no siempre es fácil y no todos los escenarios terminarán de manera positiva, como el día en que la hermana Irene solicitó se le haga el cambio correcto en la tienda de la ciudad. “Cuando hablas sobre pro-blemas, puedes hacer amigos y perder amigos, y la gente a veces es muy cruel cuando defiendes los derechos de las personas que sufren”, dijo, y agregó: “Es lo que tenemos que hacer”.

Sobre la Hermana Irene Muñoz

La Hermana Irene ingresó en la Congregación de la Humildad de María en 1957 y profesó los primeros votos en 1959. La Hermana Irene recibió una licenciatura en enfermería de la Escuela de Enfermería San José en Ottumwa y una maestría en Ministerio Pastoral en el Seminario Teológico de Santo Tomas en Denver. Es graduada de la Escuela Bíblica Católica de la Arquidiócesis de Denver y recibió su CPE en Educación Clínica Pastoral de los Hospitales y Clínicas de la Universidad de Iowa.

Fue nombrada miembro del Gobernador de Iowa para la Comisión de Habla Española de Iowa, fue miembro de la Delegación de Salud Estadounidense en la “China Roja” en 1973 y asistió a la Conferencia del Año Internacional de la Mujer en Nairobi, África, en 1989.

La hermana Irene apareció en el libro de 2018 “Amazing Iowa Women”, una guía ilustrada de algunas de las mujeres más extraordinarias de Iowa. En marzo, la hermana Irene recibió el premio Barbara Boatwright Lifetime Achievement Award en los premios Emerge Iowa DAWN. En agosto, USA TODAY Network reconoció a la hermana Irene como una de las 10 mujeres del siglo del estado de Iowa.


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