SAU CFDD
Apr 242014
 

Por Hermana Irene Muñoz
El Mensajero Católico

Hermana Muñoz

La Palabra de Dios nos presenta un elemento importante durante el tiempo de la Cuaresma: el agua.

¡Todos necesitamos del agua para vivir! Mucha gente me ha platicado que cuando caminaron por el desierto para llegar aquí, el agua siempre estaba en sus mentes: ¿Dónde la voy a conseguir?

En el Evangelio de san Juan 4, 5-42, encontramos a Jesús descansando en el pozo de Jacob. Se nota que Jesús está cansado y tiene mucha sed. Es mediodía y tiene sed. Espera que llegue alguien y le de de beber, pues, no tiene con que sacar agua.

Entonces, llegó una mujer samaritana y Jesús le dijo: “Dame de beber”. La mujer contestó: “¿Cómo es que tú siendo judío me pides de beber a mí que soy samaritana?” Y ahí comienza la plática. La samaritana se extrañó que un hombre judío se dirigiera a ella, pidiéndole agua. Pues, en ese tiempo no se llevaban bien los samaritanos con los judíos y menos que un hombre hablara con una mujer; pero, Jesús conociendo la sed que tenía ella de Dios, le preguntó: “Ve a llamar a tu marido y vuelve.” La mujer contestó: “¡No tengo marido! “ En realidad ha tenido 5 esposos y su vida ha sido desordenada. Pero siguió hablando con Jesús.

Jesús le contestó a la mujer samaritana cuando le pidió: “Dame de beber.” “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de beber, tú le pedirías a él y él te daría agua viva. El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed.” La mujer contestó: “Dame de esa agua para que no vuelva a tener sed.”
La mujer samaritana habla muy francamente y sin miedo con Dios, y hace preguntas inteligentes y buenas. “¿Acaso eres más que nuestro padre Jacob? ¿En dónde tenemos que dar culto? Señor, yo veo que eres profeta. Ya sé que va venir el Mesías.” Jesús le dijo: “¡Soy yo el que habla contigo! “ Jesús le dice a la samaritana que lo importante es adorar al Padre en espíritu y en verdad, lo menos importante es el lugar. Esta es nuestra historia. La mujer hace preguntas a Jesús, oye lo que le dice, comienza a creer y corre para avisar a todo su pueblo, de este Jesús que es el Mesías. Y al fin trae a toda la gente a conocer a Dios. Ella evangeliza a todo el pueblo.
Todos debemos hacernos como ella, con una fe fuerte y con alegría y entusiasmo a decirle al mundo que Jesús vive. La mujer samaritana nos recuerda que, si tenemos dudas y luchamos con nuestra fe, que debemos seguir conversando con Cristo. Ella encontró el agua viva que apagó su espíritu sediento. También, Jesús nos puede quitar esa sed que tenemos.

Esta mujer samaritana no tiene nombre, no más dicen que es una extranjera. Pero esta historia tiene mucho para decirnos a nosotros. Jesús no está limitado, lleno de restricciones, sino que quiebra todos los límites entre el hombre y la mujer, entre la gente escogida y la gente rechazada. Jesús no juzga moralmente a la mujer. Jesús está mostrando a la mujer, que la gracia de Dios que ofrece, está disponible para todos. Jesús le ofrece el agua de vida a la samaritana y, la samaritana, con tanto gusto lo recibe.

Y nosotros hemos recibido esa misma agua viva por medio de nuestro bautismo. ¿Cómo está esa agua viva que corre en nosotros? ¿Está tibia, está seca? Lo que me gusta de esta mujer es que escucha a Dios y lo ve cara a cara. ¿Escuchamos la voz de Dios o estamos muy preocupados con las cosas del mundo?

El Salmo 94 nos dice: “Ojalá escuchen hoy su voz: No endurezcan el corazón, como en Meribá, como el día de Masá en el desierto.”

En el tiempo de Cuaresma nosotros tenemos luchas y dudas. Hoy es un nuevo tiempo para comenzar a escuchar la voz de Dios en las lecturas bíblicas y en la Santa Eucaristía.

Los cinco esposos de la samaritana la dejaron vacía e insatisfecha, como la jarra de agua tibia que cargaba. Jesús conoce su vacio. Todos debemos darle algo de beber a Jesús, darle ese vacío que tenemos. Decirle todo lo que nos preocupa, todo la depresión que tenemos, todo el dolor que cargamos, todo las injusticias que hemos recibido, darle todo a Jesús y él nos sanará con esta agua viva aquí, en la Eucaristía. No tenemos que ir a un pozo. Aquí tenemos el verdadero Dios con nosotros.

El Santo Papa Francisco nos dice que tenemos que hacernos discípulos misioneros. El entrenamiento de la mujer samaritana comenzó con una conversación cara a cara con Jesús, haciéndole preguntas y escuchando sus respuestas. Nosotros también escuchamos la Palabra de Dios. Es tiempo de buscar oportunidades para compartir con otros, sin vergüenza; pero con convicción y fortaleza.

En este tiempo de la Resurrección, debemos ser como la Mujer Samaritana, que corre por todo el pueblo anunciando con alegría que Dios vive. Las mujeres de la Santa Escritura del Domingo de Resurrección, también fueron y anunciaron la Resurrección a los apóstoles. El Domingo de Resurrección es la celebración más importante del año. Es el triunfo del Señor sobre la muerte y el pecado ¡Aleluya! ¡Aleluya!”

(Hermana Irene Muñoz es asociada pastoral en ministerio multicultural de las parroquias Católicas de Ottumwa.)

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